EL ANGEL Y LA DONCELLA
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Mis Poemas - Miriam Ramos
Las estrellas siderales se cruzaron todas ellas por los cielos y los aires dando luz a los
mortales que habitaban en la tierra. ...Y los ángeles divinos admiraron las estrellas.

Serafines, Potestades, Querubines y Arcángeles recorrieron los confines de los cielos
admirables, rescatando llamaradas del incienso en los altares, mas les fue inútil imitar el
fulgor de las estrellas que viajaban por los aires.

Se reunieron todos juntos en las cortes celestiales ¡no dejaban de admirar! las estrellas
armoniosas que brillaban en los aires. Se acercaron al Divino cuestionando tal belleza
¿Por qué tanto resplandor a los hombres de la tierra, no basta con la luna, la menor de
las lumbreras, para iluminar al hombre de la noche y sus tinieblas, por qué los ángeles
no gozamos del fulgor de las estrellas; unas cuantas no podemos recoger de tantas ellas?

Les respondió el Divino:

-Regresad ángeles benditos todos juntos a sus tareas ni una sola de las muchas infinita y
fugaz de ellas les será privada a los hombres, ¡que disfruten todos de ellas!

Así los ángeles absortos se marcharon despacito en sus nubes pasajeras a recoger las
peticiones de los hombres en la tierra; a encender los cirios blancos a pintar las
primaveras, a velar por los infantes, a tocar flauta y trompeta, a interpretar himnos
afables, ¡...pero extrañaban las estrellas!

Pero un ángel atrevido intentó tomar una de ellas, cayó de pronto en el vacío y fue
atrapado por doncellas.  Las jóvenes eran muchas que habitaban en la tierra,  pero
estaban separadas, ¡eran vírgenes doncellas!   Jamás ninguna había visto a un ángel
pisar la tierra, tampoco éste conocía que existieran tal bellezas, dotadas de esplendor,
como todas las estrellas.

Se acercaron todas juntas a observar, del ángel su belleza, también aquel divino ángel se
admiró de todas ellas.

-Es ya la hora-dijo una- de que encendamos nuestras velas, que acudamos al altar
a ofrecer nuestras ofrendas.
¿Y qué hacemos con el ángel?-preguntó la más ingenua.
-Cortaremos sus dos alas, para que no vuele de la tierra,

Pero el ángel escuchaba en silencio a las doncellas y voló alto bien deprisa alejándose de
éstas.  Entonces se llenaron, todas de tristeza, pues el ángel se alejaba ocultándose de
ellas; y marcharon enseguida a cumplir con sus faenas, a encender sus velas blancas y a
pagar sus penitencias, cumpliendo muy devotas con sus votos y ofrendas; pero del grupo
se apartó la virgen más ingenua, extrañaba ya en su corazón, aquel ángel que cayera.

Mientras, en los cielos siderales el resto de los ángeles divinos añoraban las estrellas.

¡De pronto! una fugaz y silenciosa estrella, atravesó todo el infinito, sin que se cayera.
Tal hermoso espectáculo fue observado por el ángel, también por la doncella; y se
encontraron frente a frente por vez primera, sin dejar de admirar del espacio tal proeza.

-¡Que tan grande es el divino! que nos bendijera, al obsequiarnos en la noche con tan
espléndidas estrellas-comentó así la doncella.

El ángel le respondió:

Sin embargo nosotros, los ángeles divinos, no podemos en los cielos atrapar ninguna de
ellas.

-También vosotros gozan de singular belleza-expresó así la joven con tal delicadeza.

Sonrojándose pues el ángel, le hizo una propuesta:
¿Queréis apartaros conmigo, un minuto de la tierra y volar al infinito cielo igual que las
estrellas?

-¿Cómo puede un ángel, volar al cielo con doncella, no se enojará el divino? ¡Mirad, que
soy una joven  virgen de la tierra!

-De seguro él también se admirará de tu belleza, ven y volemos juntos, tomad mi mano
con firmeza.

Así atravesaron ambos los confines de la tierra bien deprisa ya viajaban sobre nubes
pasajeras.

Ya las cortes celestiales preguntaban por el ángel que al vacío se cayera en su afán por
atrapar del espacio una estrella. Se alegraron todos juntos, al ver del ángel su silueta; sin
embargo se asombraron que pisara el cielo una mortal doncella.

De pronto el Dios divino anunciaba su presencia y los ángeles temieron de que viera a la
doncella. El ángel precavido, escondió a la virgen bella, detrás de una nube blanca y
pasajera. Los ángeles divinos afinaron sus cornetas y recibieron al Altísimo cantando
himnos y tocando clarines y trompetas.  El ángel atrevido, (aquel que se cayera), entonó
también su himno...más pensaba en su doncella.

La casta joven escuchaba aquellos himnos bien atenta y deseó también participar de la
angelical orquesta. Su grata voz se escuchó con tal armonía y belleza que los ángeles
divinos se callaron de sorpresa. El Dios Divino simulaba no escuchar  la dulce voz tan
bella más preguntó a sus ángeles ocultando su sospecha:

-¿Cómo es que llegó hasta aquí esa tan maravillosa estrella que se oculta en esa nube,
mas su resplandor refleja?

Sonrojado el ángel contestó:
-Ay, mi Dios, es una virgen pura y casta de la tierra; una de las tantas que atrapó a este
ángel que cayera, en su afán inútil por tomar del universo una estrella; ¡castigadme sólo
a mí!, dejad libre a la doncella.

-Las doncellas, ¡ay, mi ángel! pertenecen a la tierra, en cambio te prometo regalarte una
estrella tan pronto se regrese a la tierra esa doncella-contestó así el divino con toda su
paciencia.

La virgen escuchaba en silencio tras la nube al pequeño ángel suplicar al Dios divino su
indulgencia; se afligió y desesperó a tal grado que saltó de la nube pasajera y cayéndose
al vacío se abrazó a una estrella. Los ángeles absortos silenciaron sus trompetas,
suplicaron al divino: ¡Salvad a la doncella!; pero en vano fue su intento porque se
atravesó en el cielo una silenciosa y fugaz estrella que en su viaje se llevó a la dulcísima
doncella.

Desde entonces los divinos ángeles (también el que cayera) observan desde el cielo muy
callados las estrellas. ¡No se atreven a tocarlas! sólo cuentan todas ellas jugando a
descifrar ¿en cuál va la doncella?

...Y el Dios divino en gratitud, otorga dones y favores a las vírgenes doncellas que
cultivan sus virtudes en lo ancho de la tierra.

...y los ángeles divinos, continúan admirando  desde el cielo las estrellas.

-end-