Las Nueve (9) Musas y Atenea
(Basado en las leyendas y mitologias griegas;
original de Miriam Ramos)

En el tiempo de los dioses, los mortales de la tierra eran compensados con atributos que éstos
les otorgaban, a cambio de sus ofrendas y plegarias. Un día de primavera, nueve jóvenes
hermosas entraron al templo de la diosa Palas Atenea para hacerle una petición. Estaban
ellas enojadas con la dulce y bella Afrodita, diosa del amor; pues aunque bien le habían
ofrecido ricos dones como ofrendas (a la diosa de los ojos dulces) para que les revelase los
secretos y el arte de la seducción; habían transcurrido ya varios días sin recibir respuesta a
dicha petición.  

Por eso decidieron asistir al templo de Atenea, diosa de la sabiduría, las artes, oficios y la
guerra, para implorar otra petición. Estando ya reunidas en su templo, iniciaron este himno
como invocación:


¡Oh, gran Diosa Atenea!, la de ojos de lechuza, escucha ésta nuestra petición.  Somos nueve
hermanas deseosas de un ardiente amor; hemos suplicado  a Afrodita nos conceda los secretos  
del arte de la seducción, para conquistar algún valiente héroe que nos dé su corazón; pero
hemos sido ignoradas.

Te suplicamos, ¡oh gran diosa Atenea! nos atiendas y nos otorgues otro favor;  no seas de oído
sordo,  aquí están nuestras ofrendas, escucha pues, nuestra petición.

Diciendo esto, colocaron frutas, alhajas, codornices y buen vino sobre el altar de la diosa,
deseando así ser escuchadas.


Al momento, una hermosa lechuza blanca apareció volando sobre el altar; era la diosa Atenea
quien se presentaba en esa forma y al instante les habló:
-¿Conque la hermosa Afrodita se ha hecho sorda a vuestras peticiones?  Vosotras sois
hermosas, pero sin las artes y secretos del amor, que sólo ella posee, les será difícil conquistar
un valiente héroe o cualquier joven mancebo que deseen.

-¿Qué nos aconsejas?-respondieron ellas.

-Pues sólo puedo otorgarles a cada una de un preciado don, para que brilléis por luz propia con
talento y discreción.  Este don les será de gran ayuda en sus aires de conquista-respondió la
diosa.

Las nueve hermanas aceptaron lo que la diosa les ofrecía. De inmediato, Atenea, que en forma
de lechuza se les apareció, a cada una de ellas, los siguientes dones concedió:

A la primera de ellas:
Euterpe, concedió el don del canto y de la música, para festejar y
entretener con melodiosa voz; a la segunda:
Calíope, el don de la poesía épica y heroica,
para narrar en versos historias de héroes y batallas; a la tercera hermana:
Clío, el don de la
memoria  y de la historia
, para registrar con datos y fechas los sucesos que acontezcan en
la metrópolis/ciudad.

Prosiguió así la Diosa y a la cuarta hermana:
Erato, concedió  el arte de la poesía lírica y
amorosa
, para servir a todos los amantes y poetas de grata inspiración; a la quinta:
Melpómene, otorgó: el arte de la tragedia para hacer llorar y reflexionar a los mortales de
la tierra; a la sexta hermana:
Polimnia, concedió el arte de la pantomima y los cantos
sagrados
para deleitar a dioses y mortales con sabia discreción.

Atenea continuó otorgando sus dones y a la séptima joven:
Terpsícore, otorgó: el arte de la
danza y el baile
, para deleitar al ritmo y al compás del cuerpo, a sabios y mortales; a la
octava hermana:
Talía, la diosa concedió el arte de la comedia, para hacer reír a todos con
amor; y a la novena:
Urania, con prudencia concedió,  el arte de la astronomía, para contar
estrellas, luna, sol y nombrar del universo cada constelación.

Concluyó así la diosa Atenea, concediéndoles a todas un perfecto don. Las nueve hermanas
comprendieron de las artes y las ciencias su incalculable valor y decidieron pues entonces,
suplicar una última petición:

-Estos dones son valiosos, tanto como los secretos del amor; queremos compartirlos con todos
los mortales. ¿Nos concedes el favor?

La diosa Atenea, que ya se había esfumado, ataviada como diosa, entonces regresó y así les
respondió:

-Para eso, debéis de ser deidades divinas y me place revelarles, que  vosotras ya lo son.
Vuestro padre es aquel quien amontona nubes, el gran Zeus, el Cronión. Hasta hoy habéis
vivido ocultas entre los mortales, pero a partir de este momento, seréis las nueve musas
preferidas de los dioses y mortales-y diciendo esto al Olimpo de inmediato, para que le
hicieran coro al dios Apolo, con ella las llevó.

Narran las leyendas, que la diosa
Afrodita de este trato se enteró y enojándose con Atenea
así la diosa se vengó:

-Como estas deidades musas habrán de otorgarle a sabios y mortales, los dones de la ciencia
y artes del saber, puede ser que un día los secretos del amor logren conocer. Enviaré entonces
a mi hijo Eros (Cupido), a que hiera con su flecha en el pecho a los amantes sabios y
mortales; mancebos y doncellas, antes que el amor llegue hasta sus puertas-dijo así Afrodita
y Eros consintió.

De esta forma  ha transcurrido a través de todos los tiempos. No importan los talentos de las
artes y las ciencias, relatos, danza, canto y poesía que las musas narren a tu oído, si
Eros/Cupido no te hiere con su flecha, el amor nunca llegará a las puertas de tu corazón.

-end of story-

autor:  Miriam Ramos
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