Era el amor de su vida, aquel por el cual había soñado, el que llenaba sus
horas vacías, por quién tanto había suspirado. Era su amor, ¡toda su vida! un
corazón que ardía en locos deseos e ilusionado.  Ella, en la flor de su vida;
Él, calor de verano.

Su aspecto de loca chiquilla, boquita pintada, ojos radiantes, coqueta,
atrevida; encantos y ensueños que despertaban miradas a los apuestos
galanes que la perseguían.

... Pero él, era su vida, su empeño en conquista, por quién su sonrisa
mostraba en su rostro. Por aquel arrogante, hombre perdido, volvíase loca,
con todo furor.

Él la ignoraba, y no pretendía, aquel corazón, tan sólo buscaba mujeres de
vida, jugando al azar sus cartas de amor. Hasta que un día la loca chiquilla de
ojos radiantes, sonrisa perfecta, por fin decidió, jugarse la vida por aquel
loco amor.

Una noche de fiestas y vinos, en el burdel de la esquina, creyéndose ‘diva’
allí apareció. Risas burlonas, murmullos, piropos por ella escuchó. Allí
estaban esas, las más atrevidas, mujeres alegres de escaso pudor.  Ella, en
la flor de su vida, por entre las filas de todos pasó; hombres y mujeres,
juntos bebían y se divertían sin distinción.

Allí estaba él, el amor de su vida, aquel arrogante hombre perdido que
siempre soñó; en brazos de otra; “¡una perdida!, ¡que desperdicio!”, pensó
aquel instante en su interior.

-¡Que pare la música!-se escuchó en alta voz.

¿Por quién te has creído, loca chiquilla?-gritó otra mujer llena de ira cuando
acercarse la vio, hasta el hombre que entre sus brazos se complacía
ardiente de amor.

-Reclamo a este hombre, por él doy la vida y vengo a buscarlo con el
corazón-dijo así ella, en tanto a los pies de su amado caía y él contestó:

-¡Tú!, loca chiquilla. No sabes nada de vida, no debes amarme, no quiero tu
amor.

Y allí entre burlas y risas ella en desmayo quedó. Por un instante todos
callaron, y el hombre perdido por fin reaccionó:

-¡Vamos mujeres! llevadla a su casa, que nadie se entere lo que aquí ocurrió.

La noche de fiestas allí terminó.

El sol irradiaba con todo esplendor la otra mañana, cuando despertó y vagos
recuerdos, su mente guardaba, de la noche anterior. Miróse al espejo
vestida de galas y así recordó.

-¡Oh!, que tonta he sido, ¡ya lo he perdido! pero es un ingrato no se merece
mi corazón.

Pasaron tres días de aquella aventura, hasta que un día una carta sellada, de
él recibió.

-¿Una carta de amor...?-preguntábase ella.

Temblaron sus manos y sus ojos lloraron cuando así la leyó.

-Perdona mi vida, comprendo tu angustia y  desesperación, he sido un vil
hombre ¡también yo soñaba con tu corazón!, pero al ver la flor de tu vida,
tus dulces ensueños y locos encantos, me sentí inmerecido en darte mi amor.
Jugué entonces la vida, en mil aventuras, deseo y pasión. Yo he sido un
cobarde, tú la atrevida, a quién no le importó, entre risas y burlas, confesar
esa noche el amor que sentías en tu corazón.  Si es tiempo querida, te ruego
perdones todo mi error.-

Estrechó ella en su pecho, la carta que le enviara el amor de su vida por
quien siempre esperó.

Al cabo del tiempo....

La tarde caía, el sol se alejaba, y allí en la ciudad, entre caricias y besos, los
dos se alejaban; ella, en la flor de su vida, él, un ardor de verano. –

-¡Quién lo diría!, ella, la más dulce y coqueta, ¡con ése! hombre de años.

Así se escuchaban, los comentarios, por el vecindario: pero fueron felices.  
¡Quién lo diría! ¡Locuras de amores  extraños que nadie entendió!

Copyright Miriam Ramos
¡Locuras de amores extraños!
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