Entonces el Dios verbo, lanzó su espada de caricias y las ninfas y las hadas se ocultaron de
su brisa.  El Dios fuego se hizo astro y la diva luna pequeñita, las estrellas se acoplaron en
esferas múltiples altivas. La burbuja del silencio, estalló en su travesía; caracoles de cristal,
silbaron gratas melodías.

Entonces, despertaron las ninfas y tomaron del Dios verbo sus dones y primicias; luego
fueron prisioneras de ciertas hadas atrevidas, porque poseían el secreto del árbol de la
ciencia y del árbol de la vida.  

Mas la diva luna se asoció,  con la noche larga y fría; las ninfas procrearan sueños; ¡y los
sueños, otras ninfas! Entonces fueron revelados, los secretos de la sabiduría.  Estas son las
ninfas inmortales que sobrevivieron al Dios verbo en su lucha por la miel divina:


ILUSIÓN-gaviota-mariposa-alga-marina; despertó desnuda, ingenua, amanecida; y se
alimentó, de escarcha luna tibia. Caminaba en las llanuras, ¡nunca iba de prisa! Despacito
eran sus pasos, su faz le sonreía.  Su piel era de aurora, sus pies de noche tibia; sus ojos dos
antorchas, su boca sinfonía.

GRATITUD-paloma-blanca-alba-matutina; bostezó himnos y plegarias, también ¡avemaría!
Su rostro era de oro, su piel incienso y mirra; sus pies iban descalzos y jugaba con la brisa.
Bondad y piedad ofrecía en sus caricias y sus pupilas irradiaban de gozo, paz y dicha.

SABIA-razón-derecho-torre de justicia; proclamó la libertad, el buen juicio, lo correcto y lo
impecable.  Sus pasos eran huellas de tesoro incalculable. De pergamino era su vestido, de
vidrio sus collares y en sus manos sostenía de la ciencia toda llave.

NOSTALGIA-desierta-arena-silencio-soledad-aliento; fue la única ninfa, que lloró en su
nacimiento. La diva luna la olfateó, las estrellas la vistieron, bautizó la noche su sonrisa, de
aire, mar y viento. Sus mejillas eran pálidas, sus ojos azul negro, sus cabellos de tan largos
se enroscaban en su cuello. En sus labios se guardaba en murmullos sus desvelos.

ESENCIA-inquieta-atrevida-ajena-hiel-inmerecida; se impulsó soberbia por sí misma a la
vida. Como un lagarto, su forma retorcía. Así mismo se nombró: diosa de las ninfas; abad
de hadas y nodrizas. Su rostro era de bronce, pintado de ceniza. Los ojos en su frente, dos
velas encendidas y sus brazos enlazaban collares de neblina. Sus pies eran de barro, su
sombra… ¡repentina!, su silueta un velo oculto...ni lloraba... ni reía.




Mientras tanto, Ilusión jugaba a primaveras; Gratitud sus salmos componía; Sabia crecía en
juicios y razones; Nostalgia rescataba golondrinas y Esencia a escondidas, aromas y aceites
derramaba. El Dios Verbo no ignoraba el quehacer de aquellas ninfas decidió entonces
hacer pacto, con las hadas atrevidas y les dijo así:

-Rescatadme los misterios que tomaron esas ninfas, les prometo otorgarles libertad en otras
vidas.

-Sólo somos forasteras y no habitamos tu Jardín. ¿Qué libertad y qué otra vida fuera de
estos cielos podemos conseguir?

-Seréis por siempre invocadas en el silencio de la noche oscura, por los mortales de la tierra.
Habitaréis  en sus sueños hasta embriagarlos de locura.

-Entonces sí, Verbo divino, recogeremos tus primicias, tus secretos y misterios que tomaron
esas ninfas.

Así el tiempo discurría y las hadas atrevidas vigilaban día y noche los afanes de las ninfas.
Mientras, Ilusión perseguía bellas mariposas, Nostalgia envolvía sus delirios, Gratitud
regalaba su sonrisa, Esencia sacudía sus aromas y Sabia…¡sospechaba una desdicha!

Aquellas hadas codiciosas se aparecieron repentinas, trazaron círculo entre todas, rieron y
jugaron con las ninfas. Todas se rindieron una a una, entre juegos, ronda y risa; desde
Ilusión, la mayor, hasta Esencia, la más chica. Al rendirse, exhalaron sus más íntimos
secretos, que las hadas recogieron y guardaron en vasijas. Antes que el sol apareciera, se
llevaron los secretos del árbol de la ciencia y el árbol de la vida.

Entonces se reunieron nuevamente con el Dios verbo y le entregaron en común acuerdo
todas las vasijas. El les otorgó, como había prometido, libertad y nueva vida, no sin antes
advertirles:

-Buscad y recibid de los mortales todos sus halagos y tributos;  volad silenciosas por los
aires, más por ningún motivo habréis de perturbar el sueño a los infantes.
-Estamos claro, Dios divino, ¡entregadnos nuestras llaves!
-Aquí están, salid de prisa ¡empujad las nubes, visitad mortales!




Mientras tanto, aquellas ninfas despertaron sofocadas.  No entendían las razones, porque no
reían, ni lloraban; no jugaban, ni danzaban; no juzgaban, ni pensaban; ¡eran ninfas
desoladas!  Decidieron pues entonces, lanzarse a los abismos de las celdas solitarias; y
suplicaron el perdón...pero fueron ignoradas.

Así también, las hadas codiciosas comprendieron del Dios Verbo su advertencia; al notar en
los infantes, la atracción de su inocencia; temerosas de un castigo, se marcharon de la
tierra.  Más aún así, por su codicia, envejecieron muy de pronto y se hicieron cal y arena; se
esfumaron para siempre, sin dejar ni voz ni huella.

Allá en lo alto el Divino sonreía y con paciencia, repasaba los secretos de la vida y de la
ciencia. Sin embargo, diva luna extrañó algunas ninfas: a Nostalgia y a Esencia; y en su
noche ataviada conversó con las estrellas.

-¿Dónde están las ninfas que soñaban primaveras; que dormían en la arena; que contaban
las estrellas; que lloraban sus quimeras; las hermanas seductoras que corrían por los prados
y las hierbas, que paseaban taciturnas; dónde están las ninfas bellas?  Así respondieron las
estrellas:

-Están flotando en el abismo, están tristes todas ellas; fueron todas engañadas por las hadas
traicioneras, que robaron sus aromas por cumplir una promesa y no reciben del divino su
perdón ni su respuesta.

La diva luna hizo mueca; se acercó en un eclipse de imprevisto al astro sol y se apropió sin
que supiera de un rayo de luz luminoso. Rayo sol y rayo luna  se fundieron uno solo y
formaron una estrella. Así nacieron los amores; el perdón y los suspiros; las brisas y caricias;
gorriones y palomas; la tarde y la llovizna; el profundo río perfumado, el ancho mar azul
salado; las notas musicales; y las ninfas del abismo poco a poco despertaron.  

Recobraron sus quimeras, suspiros, andanzas; sus cánticos,  rosas matutinas y plegarias; sus
gracias agraciadas; gaviotas, golondrinas, mariposas ataviadas; noches encendidas, noches
apagadas; noches en ceniza, noches perfumadas; corrían, reían, jugaban y lloraban.  
Recorrieron los altares de la diva luna solitaria y le otorgaron sus ofrendas, aquellas ninfas
asociadas.  La diva luna sonreía y el Dios verbo se callaba.

Esta vez las ninfas, ¡esas cinco hermanas!, decidieron, más osadas, perpetuarse para siempre
en memorias aclamadas; injertando sus siluetas en palabras amarradas, enlazadas a
fragmentos de ¡poesías admiradas! Y así fueron
inmortales, imborrables y leales a la diva luna amigable: Ilusión, imaginable; Gratitud,
agradable; Sabia, insaciable; Nostalgia, irreparable; y Esencia, inseparable.

No obstante el Dios divino, repasaba sus bondades y lanzó su espada de caricias, a la luna,
el sol; a las ninfas y a los amantes.

Miriam Ramos / Derechos Reservados
Las Ninfas Inmortales
Elogio a la Poesia