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EN EL PRINCIPIO, cuando los continentes comenzaron a formarse sobre la faz de
la tierra, también surgieron bellas islas del fondo del océano. En una de esas islas,
cubierta por montañas comienza esta historia. Pero antes, mucho antes que las
islas, el océano y la tierra… existía el caos. Los antiguos dioses habitaban solos en
sus moradas, construidas por los cíclopes.

Zeus era el dios que regía y reinaba en el Olimpo, acompañado de su esposa Hera.
Cansados de estar solos decidieron pues entonces poblar las islas.  Procrearon
entre ellos bellas ninfas.  De entre éstas, nombraron a un grupo como las Oréades
y las llevaron a vivir en una de esas islas frente al mar, que es hoy el mar
Mediterráneo, mientras  las vigilaban desde sus moradas.

A estas ninfas las dotaron con dones y virtudes especiales, como: la bondad, la
ternura, la dulzura y la fraternidad, entre otros.  Desde sus moradas olímpicas los
dioses regaron semillas sobre la isla en que ellas habitaban, que produjeron
exquisitos frutos con los cuales las ninfas se alimentaban. Así ellas fueron
creciendo hermosas y saludables a la vista de sus padres Zeus y Hera.

Pero resulta que Nereo, el dios marino, comenzó a sentir celos y envidia de las
hermosas ninfas, hijas de Zeus que habitaban en la isla, ya que eran mucho más
hermosas que sus hijas, las nereidas, quienes vivían en el fondo del mar.
Entonces Nereo procuró un plan para atrapar a las ninfas y ocultarlas de la vista
de los futuros mortales que habitarían en la tierra, ya que esos eran
los planes de Zeus.

Nereo se reunió con sus hijas y les propuso que atrajeran la atención de éstas con
sus hermosos cánticos.  Una vez en la orilla del mar, él se encargaría de atraerlas
hasta el fondo del océano; y ya que nunca habían visto el mar, se ahogarían para
siempre, porque no sabían nadar, ni sumergirse.


Mientras tanto, las sirenas obedecieron a su padre desconociendo su propósito y
comenzaron a cantar, y eran sus voces tan melodiosas y tan agudas, que llegaron
hasta los oídos de las ninfas que habitaban en la isla solitaria. Éstas corrieron
hasta llegar a la orilla de la playa, donde vieron por vez primera el mar.

Cada vez más se escuchaban los cánticos de las sirenas, tan bellos y armoniosos,
que las ninfas en su curiosidad, se fueron acercando poco a poco hasta el mar, sin
darse cuenta de que las aguas las estaban arropando. Hera, que observaba y
vigilaba a sus hijas desde sus moradas olímpicas,  avisó de inmediato a Zeus,
quien ordenó a los cuatro vientos que soplasen sobre el mar.  El viento sopló con
tal intensidad, que las aguas del mar se alejaron en su totalidad, quedando así
todas las sirenas a la vista y en tierra seca y firme.  

Las ninfas se asombraron mucho al verlas, porque tenían cola de pez, pero sus
pechos y rostros eran de doncellas. Eran de hermoso semblante y no cesaban de
cantar. Se acercaron hasta ellas, con tal dulzura y generosidad, con tanto amor y
ternura, que las sirenas silenciaron sus cánticos y les preguntaron:
-¿Qué virtudes poseen ustedes que se reflejan en sus ojos?

-Estamos dotadas de bondad, generosidad y un toque de amor fraterno. Esos fueron
los obsequios de nuestros padres al nacer. Pero ustedes poseen una hermosa voz,
seguid cantando.

Sin embargo, las sirenas estaban ya sofocadas porque se encontraban en tierra seca
y firme, ya que habían nacido para vivir en el fondo del mar.  Les narraron a las
ninfas cuál había sido el propósito de su padre: el dios Nereo. Entonces todas
juntas suplicaron a sus padres terminar con la porfía; pues ellas ya habían
decididoconfraternizar con amistad. Y entonces, comprendiendo Nereo,
innecesaria tal envidia, acordó con Zeus ordenar a los vientos soplar sobre los
mares y regresar el agua a sus orígenes. Las sirenas se hundieron nuevamente en el
fondo del océano y las ninfas regresaron a su isla.

Y, cuenta la leyenda, que la amistad prevaleció tan grandemente, que prometieron
encontrarse cada vez que las nubes descendieran su llovizna sobre toda la Isla. Así,
las oréades, cada vez que llovía, corrían hasta los lagos y esperaban muy ansiosas
la visita de sus amigas las nereidas, quienes emergían de las profundidades hasta
la superficie del lago, para allí saludar a sus compañeras ninfas.

-end-
©Miriam Ramos
Sirenas y Ninfas
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